Alcoholismo y desesperanza: Testimonio de Paco

   Paco y yo coincidimos en fisioterapia. Yo lo recordaba pero no lo ubicaba. Él si, y me reveló la empresa en la que coincidimos, una tele en la que también él ejerció de periodista.

PACO el paraiso no esta en el fondo de ninguna lata o botella

Me contó que iba a fisio porque padecía una artrosis degenerativa que ya le había hecho pasar por quirófano para ser operado de un pié, también que había superado una pancreatitis, un cáncer de pulmón y “por cierto, no sé si sabes que soy alcohólico, pero llevo 4 años sin beber.” Le pregunté si me dejaría entrevistarle sobre éste último punto, el alcoholismo y me dijo que si. Y en aquel primer encuentro fortuito, me confesó que sus primeros contactos con el alcohol se remontaban “A una edad muy temprana, cuando mi abuelo me daba patatas fritas que previamente había mojado en la cerveza que él estaba bebiendo”.   

   Fue una conversación larga (duró varios encuentros) y difícil para ambos; para Paco porque tuvo que recordar y reconocer aspectos de su vida que lo habían herido “mortalmente”. Y para mi, porque me ratificó de forma cruenta,  en la idea de que los padres somos responsables, en un tanto por ciento muy elevado, de la “felicidad” de nuestros hijos incluso cuando llegan a la madurez. Esta conversación trata pues de alcoholismo, pero también, de la necesidad y la importancia de saberse amado incondicional y fundamentalmente por los padres.


Fue un camino de atajos, carreteras cortadas, cambios de sentido y de vuelta al punto de partida, por lo que trataré de trasladar sus palabras ajustándome a su vida de forma cronológica: “Me crié entre A Coruña y Gijón (mi padre era un alto ejecutivo de una empresa); regresamos a Madrid en el 71 o 72… Si tengo que definir mi niñez con una palabra, me viene a la cabeza “soledad”. Fui un niño bastante solitario, introvertido, aunque no me aislaba y trataba con otros niños… pero era “el madrileñin”, una especie de rareza (ojo: años 60), y el único “hombre” en casa, ya que mi padre estaba siempre de viaje- tenía dos hermanas menores que él– pero no me recuerdo ni infeliz ni feliz. Leía mucho: además de tebeos, libros (Marck Twain, Dickens, los Dumas, etc.) y no recuerdo tener amiguitos con los que jugar en la calle. Lo que si recuerdo era mi pasión por el cine, las sesiones dobles por 5 pesetas de los sábados en el cine “La Equitativa” ¡una gozada!”. Pero tuvieron que volverse a Madrid “Y llegar aquí y empezar el desastre fue todo uno. Mi madre se quedó embarazada. Al sexto mes se puso de parto y algo debió pasar porque según dijeron la operaron a vida o muerte. Le tuvieron que hacer una transfusión de sangre y perdió el bebé… a partir de aquel momento mi madre ya no quiso seguir viviendo. Mis padres gestionaron la hospitalización, que fue muy larga, por la medicina privada. Nos arruinamos. Y pasamos de vivir en el barrio de Salamanca e ir a un colegio privado, a vivir en La Ciudad de los Ángeles de los años 70”. En un momento de cambios como el que vivimos hoy, pido a Paco que me cuente como le afectaron: “El cambio de colegio fue brutal para mi; yo que sacaba muy buenas notas, pasé a que me pegaran en el nuevo colegio y perdí todo el interés. Hasta aquel traslado yo no sabía lo que era un porro, era un niño “virgen” y de repente me encontré con las navajas, los porros, los gitanos…y a partir de aquel momento pensé: algo hemos hecho mal para darle la vuelta a nuestra vida de esta forma”.  La vida de Paco, tal y como la cuenta él, está llena de frases rotundas que impiden que el aire fresco entre en ella y la renueve.PACO tenía once años cuando decidí que no quwer

Continuamos “A mi madre le contagiaron la hepatitis. Y ella, a su vez se la contagió a mis hermanas. Estuvo mucho tiempo ingresada, casi tres años,  en el Gregorio Marañón. También a mi me la contagió pero yo no desarrollé la enfermedad”.

   A su padre lo describe como mujeriego y ludópata: “Además, siempre tuvo relaciones extramatrimoniales con otras mujeres, pero en aquella época la gente no se divorciaba”. Volvemos a su madre: “Mi madre murió de cirrosis, con el hígado destrozado, cáncer… Ella no tenía interés ni por aprender a leer. Era muy vaga. Se escondía en el almacén de Galerías para poder dormir. Con los años entendí que lo que quería era estar siempre durmiendo”. ¿Quería olvidarse del mundo?- le pregunto- Paco asiente con la cabeza y me confirma que en su familia materna había antecedentes de alcoholismo: “Mi abuelo, mi tía, un tío… ¡muchos!”. Pero él no se dio cuenta de que su madre era alcohólica hasta los 17 años: “De pura casualidad. Por el aliento, olía a vino. En mi casa lo único que había era el whisky de mi padre, Dick, pero ella olía a vino. Tenía botellas de vino repartidas por diferentes sitios de la casa. Mi hermana pequeña que lo sabía, me preguntó sorprendida si no me había enterado de que mamá era una “borracha”. Aunque es un hombre de 52 años quien me esta hablando, yo no puedo evitar pensar en el niño, el adolescente… Paco añade que enterarse de la adicción de su madre no provocó que la relación entre ambos cambiara, era parte de su día a día y ni siquiera llegó nunca a hablarlo con ella. Años antes, no obstante, ocurrió algo que hizo que Paco, cargara el resto de su vida con un sentimiento de culpabilidad, que lo marcó y, según él, “condenó”.Un día que mi madre estaba en pleno delirium tremens (yo no sabía lo que le pasaba) y la sujetaba una vecina, intenté abrazarla”. En aquel momento Paco tenía 12 años y se describe como “muy pegajoso”, necesitaba los besos y los abrazos “siempre he necesitado el contacto humano y de repente, durante el ataque, me ve mi madre  y me dice gritando: “toda la culpa la tienes tú, te odio…” Paco gesticula imitando tal vez los gestos de su madre: “Así es que, yo soy el culpable de la infelicidad de mi padre y de mi madre – dice convencido- retrotráete a los años 60 un alto ejecutivo ligoncete conoce en un baile a una chica muy mona de Galerías Preciados y a los tres meses boda. Durante mucho tiempo me hicieron creer que era sietemesino”.  Paco se expresa con absoluta claridad, sus palabras fluyen con tal facilidad y destreza que las imágenes que crean resultan a menudo “sórdidas” le digo, pero él no está de acuerdo: ¡Sórdidas no, cutres!– me corrige. Y ya que hablamos de su infancia y de la influencia que ésta pudo tener en el resto de su vida le pregunto si alguna vez sintió o ha sentido el “orgullo de pertenencia” a su familia. Me mira pensando tal vez que parecemos de planetas diferentes: “Tenía once años cuando decidí que no quería ser como mi familia”.

    Hablamos también de sus hermanas. Fundamentalmente de la pequeña que fue contagiada de hepatitis por su madre. A este respecto me cuenta que la enfermedad hizo que perdiera curso: “Tuvo que faltar mucho al colegio y cuando volvió no lo hizo con las compañeras que ya conocía sino con niños un año menores que ella. Y los niños son muy crueles. Esto hizo que mi hermana rechazara radicalmente el colegio.” Sigue sin pudor pero con dolor, auque sin dramatismos, como si lo que me va a decir a continuación fuera la consecuencia natural:”Mi hermana, con trece o catorce años, empezó primero con los cubatas, luego con los porros y a los 15 años ya hacía la calle. Según ella ni un  buen polvo, ni una buena comida, ni el mejor viaje… ¡no hay nada que sea mejor que un chute! Terminó convirtiéndose en yonqui.” Los padres de Paco enviaron a su hija a una residencia del Patriarca en Valencia pero: “Allí la violaron todos los que estaban. Ten en cuenta que estamos hablando de los años 70. Los tratamientos de entonces no tienen nada que ver con los de ahora”. Su final fue una muerte anunciada: “Murió de un mal chute a los treinta años. Ella estaba acostumbrada a unas dosis de heroína como las que suele haber en la calle, con una pureza del 0, 7%. Debió pillar una heroína más pura y  ¿qué le ocurrió? pues que se quedó sin respiración y cuando se recuperó, la conciencia cerebral había volado por todo el tiempo que había estado sin oxígeno”. Paco trató de ayudar a su hermana pero: “No puedes ayudar a una persona que no se quiere y sobre todo cuando te dice que ni lo intentes porque lo mejor que hay en el mundo es un buen chute… Yo he ido a sacar a mi hermana de comisaría, le he ido a ver a la cárcel de mujeres de Yeserías…las historias de las familias de los yonquis es para contarlas… A mi me quiso invitar un día y le dije que saltara desde el piso trece, que al fin y al cabo lo que estaba haciendo era querer matarse y me contestó que no, que eso tampoco”.

Volvemos a las causas que según Paco truncaron la vida de su hermana: “Era evidente que ella había caído en aquello por el tipo de familia que tenía y porque la hepatitis la retraso en la edad escolar… tampoco de haber seguido viviendo en el barrio de Salamanca habría caído en la droga… fue a vivir al lado del mayor supermercado español de la droga, El Rancho del Cordobés, que ocupaba lo que hoy es la m40… Incluso en aquellas condiciones yo la adoraba”.

    “Ahí la has clavado – me dice cuando le comento que de sus palabras se desprende que en su infancia no hubo un amor que le diera confianza en si mismo– como niño solitario y ensimismado, fui autodidacta en lo moral y lo afectivo, y como yo tuve siempre claro que revertir una situación era practicamente imposible, con 17 años me fui al ministerio de marina y me presente voluntario para infantería con la intención de que si me gustaba me quedaba en el ejército. Firmé por dos años y salí de la vida de mis padres”. Coincide con la edad a la que se entera de que su madre es alcohólica y le pregunto si lo que quería era huir. Me corrige nuevamente: “Mas que huir me escapo”. Y aunque su experiencia en el ejército al principio fue buena, a los 20 años lo dejó. Paco dice que allí bebía como sus compañeros, “ni más ni menos” y que  “nunca me pillé un pedo, ni vomité, ni me emborraché”. Volvió a casa de sus padres, por poco tiempo porque se sentía de sobra, y en cuanto empezó a trabajar en la radio, en temas musicales en los que “era bueno”, se independizó. Pero se acabó este trabajo y se fue a Santo Domingo desde donde le hicieron una oferta: “Durante una época yo lo primero que hacía al despertarme era meterme un tiro de coca, durante tres o cuatro meses, allí no era tan caro. Sería el 84 u 85. Ten en cuenta que la coca, entonces no estaba estigmatizada como lo esta ahora, que era muy moderno y que en Santo Domingo los negros bebían, y los blancos esnifaban”. Se volvió a raíz de un accidente de tráfico en el que le atropelló una furgoneta: “casi me matan”. Estuvo más de un mes en el hospital, lo que le costó todos sus ahorros y su abuela tuvo que pagarle el billete de vuelta, nuevamente a casa de sus padres donde tuvo que estar convaleciente una buena temporada: “Aquello nos unió mucho a mi madre y a mi: escayolado, no tenía más remedio que estar en casa.  Ponían una serie mexicana con la que nos reíamos mucho, pero en cuanto pude empezar a andar me fui”. Su madre seguía bebiendo: “Aunque quiero pensar que bebía menos al estar yo en casa. Yo sé lo que es estar solo, no tener nada que hacer y tener alcohol”.

Paco volvió a trabajar, esta vez en la tele y se casó con la secretaria de su mejor amigo “Yo quería tener un hijo. Me empezaba a apetecer formar una familia diferente a la que había conocido, pero fue un gran error. Mi mujer era una mujer muy inestable, depresiva…   descubrí como era ella después de mucho tiempo, muchísimo trabajo y muchísimo sacrificio. Yo siempre cumplo mi palabra y nunca rompo un contrato unilateralmente. Y eso en el matrimonio te puedes imaginar… Cuando ya trabajaba en la tele, jornadas larguísimas y con viajes, ella se dedicaba a gastar el dinero, era una compradora compulsiva, había dinero y cada vez que estaba triste o le daba el bajón, tenía que comprar… así durante 17 años de matrimonio”.

Durante estos años pasaron muchas cosas. Entre otras, a Paco le diagnosticaron cáncer de pulmón, una época en la que fumaba mucho y tras un viaje laboral del que volvió tosiendo sangre: “Cuando me lo dijeron yo estaba con mi mujer. Según me lo dicen, yo aguantando la mirada del médico, mi mujer se cae redonda al suelo… pensé que era una putada más pero que tenía que  hacerle frente también ¿cáncer? ¡Vale!”. Le quitaron el tercio superior del pulmón derecho. Pero al año  descubrieron que tenía bullas “bolsas de aire que se quedan en el pulmón y lo corrompen”.  Volvieron a intervenirle: “Me quitaron medio pulmón y lo que quedó lo envolvieron en una especie de “tela inteligente” y seguí trabajando en TV”. Le escucho y me pregunto una y otra vez cuando empezó a beber. Sé que en TV hay muchos bebedores sociales y Paco está de acuerdo en que es así. Reconoce que era uno de ellos “por falta de seguridad” en muchas ocasiones, seguridad económica ya que cuando terminaba un programa cabía la posibilidad de no reengacharse a otro. También cuando se producía “una falta de reconocimiento hacia el trabajo bien hecho” y otros días “bastaba que pasasen un par de cosas para tener la necesidad de beber”. PACO yo se lo que es estar solo no tener nada que hacer y tener alcoholIngreso por propia voluntad en el Clínico para desintoxicarse y dice que pasó varios años sin beber hasta que al terminó de uno de los programas no pudo volver a trabajar en TV y terminó de guardia de seguridad: “Pese a mi capacidad pulmonar no tuve dificultad en pasar el examen físico. Se me dio bien y empecé a resignarme, aunque nunca acepté dejar de ser periodista para ser aquello. Somos de una generación en la que todo debía de ser para siempre, no nos educaron para adaptarnos a los cambios”.  Según Paco si hubiese estado solo habría sido perfecto pero que tenía compañeros y uno de esos días los jefes de equipo se lo llevaron  a una tasca en Barajas a tomar el aperitivo: “Pidieron unas jarras de cerveza y pese a que yo bebía tónica y la pedí, no sé si el camarero se equivocó o si lo hicieron adrede, pero me encontré con una jarra de cerveza en las manos, le pegué un sorbo y en aquel momento pensé “Paco, las has cagado”. Me dice que tuvo esa sensación: “Porque me había reencontrado con una de las pocas cosas que te pueden hacer sobrellevar una vida como la mía, una vida de mierda, pienso yo”. Con la bebida llegó a provocarse una pancreatitis “El objetivo era que mi mujer me dejara, y lo conseguí”. Pero siguió bebiendo y llegaron los intentos de suicidio: “Fue cuando vivía en Carabanchel, vivía en el último piso de un edificio, solo. Transcurrieron tres meses entre el primer y segundo intento. El primero fue poco antes de Navidades, yo estaba separado y aunque seguía trabajando de guarda de seguridad me cortaron la luz porque no la había pagado…entiendo que me gaste el dinero en algo… me di cuenta de a donde había llegado y que no me gustaba. Así es que cogí todas las pastillas que encontré y me las metí para el cuerpo… ¡pero me cago en la leche! Sigo vivo… me ingresaron durante dos semanas en la planta de psiquiatría”. En aquella ocasión no perdió el trabajo porque se disfrazó como una baja por enfermedad. La segunda vez se inyectó lejía en vena: “Me encontró la vecina de enfrente que me quería pedir algo y al no abrirle la puerta llamó al 112. En esta ocasión ya había perdido el trabajo y lo que sentía era cansancio vital. Había empezado como un día normal de PACO parado; salir de casa y chino cerveza, chino cerveza… no recuerdo con mucha precisión pero intuyo (porque me pasa ahora) que pensé otro día igual al de ayer y como el de antes de ayer… y al de hace cuatro meses y seguramente al de mañana…”. Le volvieron a ingresar en el psiquiátrico de donde dice que le echaron por discutir con un celador porque siempre les servían la comida fría porque “se entretenían fumando y charlando entre ellos… una cosa es que me hubiera querido suicidar y otra muy distinta que fuera gilipollas”.  Tuvo que pedir dinero a la asistenta social para volver a casa en autobús y al llegar y encontrarse de nuevo en la misma situación lloró.

“Limpio” de alcohol, la situación actual de Paco, sobre todo en lo económico, es muy grave, y sin embargo “Ahora no intentaría suicidarme. Aunque el cuerpo y la cabeza me piden morir, sin ningún tipo de reserva, porque no me gusta lo que hay hoy y lo que preveo que va a venir, es definitivamente peor”.

    Y volvió a beber “Para ser sincero, nunca me dije a mi mismo soy alcohólico. Sabía que mi vida no estaba bien y que el alcohol formaba parte del problema y de esa vida, pero hasta ahí…Lo curioso eran mis hábitos de consumo; nunca tenía alcohol en casa y a penas pisaba bares. Bebía sobre todo por la mañana, desde temprano, latas de cerveza que iba comprando en “chinos” en un largo y cotidiano paseo cervecero”.   Hasta que un día, su hermana, de la que no hemos hablado hasta ahora y en contra de la opinión del padre quien le dijo “no le ayudes, no te va a traer más que problemas” instó a Paco a que dejara la bebida: “Ahora mismo nos vamos a ir a Proyecto Hombre- me dijo- ¡bueno! – contesté. Si uno no quiere dos no discuten. Yo ya no tenía trabajo y mi vida consistía en ir de chino en chino para seguir bebiendo. Mi hermana me llevó a Proyecto Hombre con olor a alcohol y lo primero que me hicieron fue un análisis de sangre y otro de orina porque puedes ser politoxicómano y decir que solo bebes cerveza. Me vacunaron de tuberculosis y me hicieron firmar unos documentos aceptando la terapia y comprometiéndome”. A raíz de entrar en Proyecto Hombre Paco dejó de beber: “Tenía un sitio donde ir todos los días y gente con la que hablar y que me comprendía. También había auténticos espectros humanos y veía que podía acabar como ellos.” Estando allí también participó en alguna reunión de alcohólicos anónimos pero Paco dice que en su caso no funcionó: “En las reuniones a las que yo asistí el único que hablaba era el terapeuta, exalcohólico, y no escuchaba a los demás”.  Pero también le llamaron para que participara en Terapia Dual: “Me ofrecieron lo de San Juan de Dios y dije que si. Me llevaron mi hermana y mi sobrino. A mi no me supuso ningún trauma la entrada: te revisan la maleta, te quitan los cordones, estas solo en la habitación. Allí aprendí a relajarme, me di cuenta de lo importante que era”. Se encontró con todo tipo de gente: “Aunque nada más entrar te dicen que  las relaciones que entables dentro no las mantengas una vez que hayas salido porque son relaciones de riesgo, uno puede arrastrar al otro.  Estuve tres meses.” Reconoce que fueron los mejores días de su vida y no quería irse de allí: “Yo tenía muchísimo miedo de salir de allí, no quería que me dieran el alta. Los tres meses que estuve en San Juan de Dios creo que fueron los tres meses mejores y más intensos de mi vida. Allí me sentía querido, me sentía respetado, y yo ayudaba a todo el mundo. Había encontrado mi sitio”. Cuando le dieron el alta siguió asistiendo al centro de día dos meses más.  Durante este tiempo vivió con su hermana y su sobrino: “A mi sobrino muchas veces le digo que si termina como yo lo mato a hostias”.

Paco es de lo que piensan que un alcohólico no se cura a base de “pastillazos, se cura a base de trabajo. A base de hacer que se vuelva a querer y respetar como persona y eso no lo consigue ninguna pastilla. Ahora, yo me quiero y me respeto mucho más de lo que me quería antes. Aunque todavía hay muchas cosas en mí que no me gustan, pero forman parte de mi mochila. Haciendo balance de estos 52 años debo de decir que tengo la conciencia tranquila y que al menos lo he intentado”.PACO TODA LA CULPA LA TIENES TU TE ODIO

    Después de la terapia su hermana le buscó un piso donde vive ahora, y encontró un trabajo que duró seis meses, hasta que pilló una bronquitis. “Y como era un contrato de obra, finiquito y fuera…al paro”.

Desde hace años Paco acude al psiquiatra que según él lo único que hace es vigilar la medicación: “El psiquiatra al que voy actualmente, el primer día que le conocí, me pregunto qué esperaba yo de él. Me quedé pensando. Y a continuación yo le pregunté si podía conseguir que me sintiera feliz o si podía hacer que fuera capaz de sobrellevar las cosas negativas, y añadí que creía que con eso podría aguantar…sigo esperando la respuesta.”

El paro se terminó hace tiempo y hoy en día, Paco vive de la caridad de los conocidos y de alguna asociación, aunque busca, no encuentra trabajo. A lo largo de su vida de adulto Paco me cuenta que dos veces trató de poner en marcha un negocio con su padre y dos veces éste lo estafó. Su hermana “Es integralmente incapaz de ser feliz y de hacer felices a los demás. Ella siempre lo hace todo bien y nunca se equivoca. No habla, ladra”. Y con el padre tiene una relación “por interés” que los mantiene unidos y a Paco fuera de la misma: “Ambos están practicando el refrán de ojos que no ven corazón que no siente”. Pese a todo, reconoce necesitarlos: “Muchas veces son las únicas personas con las que hablo en semanas. El tren de seguir luchando porque me quisieran ya paso… no puedo seguir esperando que algún día mi padre me diga que me quiere”.

Volvemos al alcoholismo. Las circunstancias en las que está actualmente parecen de manual para darse a la bebida y se lo digo. Sin embargo, parece que él lo tiene claro: “Tengo la nítida idea de que solo complicaría las cosas. Y además las personas que han estado a mi lado no se merecen que lo haga…” Hablamos de tantas y tantas personas que hoy también lo están pasando mal por la falta de trabajo y que probablemente lleguen a contemplar la idea de beber para olvidar “Yo les diría que sé que es una putada pero que el paraíso no está en el fondo de ninguna botella”. Y sobre la juventud: “Hay señales muy claras de que una persona está bebiendo– me dice- es imposible que si tu hijo hace botellón cada semana no te enteres. Por lo general, el alcohol en primera instancia hace que dejes de hablar con la familia, no admites las críticas…y cada vez huyes más de tu entorno habitual porque donde te sientes bien es integrado en la tribu que bebe cerveza, o celebra botellones contigo… ellos se convierten en tu auténtica familia. Si deja de leer, de estudiar, cambia de amigos…las señales, aunque no las quieras ver, están”.

Antes de terminar volvemos al principio y me confiesa que de haberse sentido querido desde niño, probablemente hoy él y yo no estaríamos hablando. Y me da las gracias: “Por escucharme y por contar mi historia. Tal vez sirva para que alguien no pase por lo mismo”. También yo le doy las gracias a él por haber confiado en mí, y sobre todo, por haberme abierto los ojos a otra realidad. Gracias de nuevo y ¡hasta siempre!

 

 

 

 

12 pensamientos en “Alcoholismo y desesperanza: Testimonio de Paco

  1. Hola elena,buenos dias,sabes yo tengo problemas con el alcohol y soy madre de familia y esposa,tengo una familia excelente,trabajo,amigo y estoy en un excelente momento para olvidarme de tanto dolor que me a caudado el beber siempre de mas y con estas historias como muchas mas que seguro hay por la vida,no quiero ni debo darme chance de terminar con mi familia,mis seres queridos y mi vida.Gracias por estos espacios que son de mucha ayuda.

    • Gracias a ti por tu comentario. Y coincido contigo en pensar que al final, lo más importante en esta vida, es la familia y que merece la pena cualquier tipo de sacrificio aunque cueste mucho esfuerzo. Un abrazo fuerte y felicidades por cómo eres y también por las personas que te rodean y que hacen que te sientas así!

  2. Pingback: Un blog, una familia: Adios, Paco! | Hablemos Doctor

  3. Hola Elene,
    Me ha gustado mucho esta entrevista a Paco. Mi madre es alcoholica y llevamos años sufriendo mucho por esta circunstancia. Es muy duro intentar hacer que un alcohólico deje de beber cuando se niega a ver hacia donde le está conduciendo el alcohol. Voy a hacer que mi madre lea esta entrevista como un intento más de los tantos que estoy haciendo para que luche por salir de este callejón sin salida que es el alcohol. MUY BUENA ENTREVISTA, ¡ENHORABUENA!

    • Hola Iris, debe de ser muy duro para una hija vivir lo que tú estás viviendo con tu madre, pero ten paciencia y si es necesario pide ayuda, ella está enferma. Un abrazo muy fuerte

  4. Soy alcoholico y sufro mucho años vengp intentando dejar de beber y no puedo estoy aborde de la locurA. Esta entrevista me fortalece

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