Comunicación médico-paciente. (2ª parte)

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La semana pasada hice referencia a dos experiencias que me llevaron a invitaros a hacer una lista de observaciones sobre cómo nos gustaría que se comunicaran los médicos con los pacientes.                   Hoy os invito a seguir exponiendo vuestra opinión sobre el tema no sin antes contaros que esta semana he estado con la “Doctora 10”.  Impresionante. Profesional, pero cercana, dedicó a la consulta el tiempo necesario (pese a tratarse de una consulta en la sanidad pública), escuchó y pactó posteriormente el tratamiento… y pese a que se trataba de una consulta por una enfermedad grave, para el paciente resultó reconfortante, sintió que la consulta de esta doctora era el lugar donde quería estar. ¿Qué importante es tener la confianza de estar en manos del facultativ@ adecuad@, verdad?

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“Un recuerdo para Marta” en el Día Internacional contra la lucha del Cáncer Infantil

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El 7% de los niños con cáncer padece Neuroblastoma, un tipo de cáncer infantil de difícil pronóstico.

Con el objetivo de reucaudar fondos para la investigación del neuroblastoma, la asociación NEN organiza hoy una Gala benéfica en La Cistérniga (Valladolid). Una Gala Benéfica con actuaciones de magia, danza, monólogos, música, rifa, etc. El espectáculo comenzará a las 19:00 horas en la Casa de la Cultura.

Y en Hablemosdoctor  ¡un recuerdo para Marta!

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Un blog, una familia: adios Ana!

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Y esta familia hoy llora la pérdida de uno de sus miembros, Ana (http://hablemosdoctor.com/2012/05/28/leucemia-mieloide-aguda-testimonio-de-ana-a-la-espera-de-trasplante-de-medula/).
ANA

Nunca escuché la voz de Ana, ni pude admirar personalmente esos ojos que intuyo, eran verdes, pero por casualidades de la vida (como siempre en este blog) la conocí y conversamos en varias ocasiones cruzándonos emails. Sigue leyendo

El orfanato de Meki: donde el amor lo hace todo posible!

“Su madre, que amamantándola era quien la mantenía con vida, murió. El padre, que no debía saber qué hacer con ella la abandonó, pero no la dejó tirada, la llevó a las monjas quienes después la llevaron al Orfanato de Meki. Yo siempre he pensado que aquel hombre se separó de su hija porque sintió que era la única oportunidad que ésta tenía para salir adelante. Creo que a Hanna su padre le salvó la vida” cuenta Ana.

HANNA MANOS

“Dani llego a Meki con solo 1 día de vida.  Su madre preparó una bolsa de plástico bien grande y la dejo bien abierta cerca de la carretera, supongo que para llamar la atención del primero que pasara por allí y que al mirar dentro viera a Dani envuelto en unos trapos con restos de placenta todavía en su cuerpo.  Esa mañana nos llamo Sister Gio desde Zway, para decirnos que fuéramos a recoger un bebé que habían abandonado.  Y a las pocas horas de eso, Dani ya estaba en Meki.  Los comienzos fueron duros, como siempre que llega un niño tan pequeño.  Durante los primeros 15 días prácticamente vomitaba cada biberón, probamos con todo tipo de leche, hasta una de las cuidadoras que estaba amamantando a su hijo probó a darle el pecho, pero el muy capullo no quería nada.  Recuerdo que durante esos días hice una de las primeras llamadas a mi madre diciendo “mama ¿qué hago?, el niño no deja de vomitar”, luego han venido muchas más llamadas como esa.  Pero de repente, Dani empezó a comer y a engordar y a ponerse precioso”.Este fragmento pertenece a una de las cartas que Mar, directora del Orfanato de Meki, envíó a  Ana.

En el orfanato de Meki, que depende de la Fundación Pablo Horstmann, actualmente viven 36 niños de edades comprendidas entre los dos y los dieciocho años. No todos están enfermos, ni mucho menos,  pero el estarlo, como es el caso de Hanna o Dani, no es impedimento para que puedan vivir en él pese a los cuidados especiales que estos niños necesitan. La siguiente conversación con Ana en su casa, y con Mar, a través de sus cartas desde Etiopía, trata de descubrirnos un mundo en el que todo es posible gracias al trabajo y a la solidaridad de muchas y grandes personas. Sigue leyendo

Blog en Ugencias!

Nuevamente en la sala de espera de Urgencias de un hospital. Y es que en una casa, los enfermos crónicos también cogen la gripe, los graves se contracturan y además, no tienen el monopolio de la enfermedad o el de los accidentes, así es que los “sanos” también  se caen y rompen la rotula o el codo, o tienen dolor de estómago. Así las cosas, hace tiempo que las salas de espera se han convertido en uno de mis lugares de trabajo, el cual desempeño con bastante facilidad gracias a la blackberry, aunque no siempre sea para escribir un post.
Desde la última vez que una de estas visitas fue motivo de un post, he podido pensar y darme cuenta de algo que ha llamado mi atención. Una de las diferencias que hay entre la sala de espera de un hospital público y uno privado es el tipo de gente (de esto ya me había dado cuenta antes). En los primeros, te encuentras con todo tipo de personas, de todos los colores y condición, y tal vez por eso, por estar todos mezclados, generalmente la gente es reacia a tener ningún contacto entre si. En los hospitales privados esto resulta mas fácil, es más factible entablar conversación con el vecino: “¿qué tiene el bebe?”, “es la tercera vez que vengo esta semana con el niño”, “parece que esto va rápido”… “hasta otra ¡huy! mejor no”…

Naturalmente estas conversaciones se llevan a cabo en las salas de espera habituales o en aquellas que pese a ser de Urgencias, ésta, la urgencia, no reviste gravedad.

Sin embargo, hay otro tipo de salas de espera en las que se espera a tener noticias sobre el familiar o amigo que se encuentra “dentro” entre la vida y la muerte. Y mientras yo sigo esperando, no puedo dejar de recordar un suceso que compartió ayer conmigo Ana, una persona con la que conversé y estará pronto en el blog. Ana me decía que por colaborar con una ONG, en una ocasión, la llamaron para que fuera a hacer compañía en la sala de espera del hospital Ramón y Cajal,  a la madre de un niño con Síndrome de Dwon al que iban a operar, creo recordar que de una cardiopatía. Menciono la condición de Dwon del niño porque además, me contó, que no todo el mundo se había mostrado de acuerdo en que los recursos de la ONG fueran destinados a salvar a un niño de estas características. Sin comentarios. Ana me confesó que no recuerda haber pasado por un momento más desgarrador en su vida que aquel en el que le dijeron a la madre, que su hijo había muerto a lo largo de la intervención. Ana nunca olvidará la desesperación con la que esta madre abrazó a su hijo cuando todavía yacía en la sala de operaciones. En esas situaciones todos somos iguales. El sufrimiento es para todos igual, no hace distinciones, un hijo es y será siempre y en cualquier parte del mundo, un hijo. Y aunque a Ana le queda el consuelo de haber acompañado y abrazado a una madre en una situación extrema como ésta,  nunca olvidará que la misma tuvo que volver a su país con el cadáver de su hijo en la bodega del avión.

Una sala de espera más para mí, pero afortunadamente por un inconveniente, no por un problema.sala de espera jon